Estrellas y Borrascas

WEB DE VICENTE AUPÍ / OBSERVATORIO DEL POLO DEL FRÍO DE TORREMOCHA DEL JILOCA

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Para empezar a observar el cielo

El verano es una de las mejores épocas del año para iniciarse en la observación del cielo. El buen tiempo y las estancias en plena naturaleza, donde no llega la contaminación lumínica, invitan a echar un vistazo a las estrellas y constelaciones estivales, entre las que destaca la presencia de la Vía Láctea, nuestra galaxia, que vemos en forma de trazo blanquecino que cruza la mayor parte de la bóveda celeste. Empezar a observar el cielo no exige el uso de telescopios; se debe comenzar con nuestros propios ojos como instrumento óptico para abrirnos camino entre las estrellas. Si se quiere profundizar en nuestras primeras incursiones en las noches estrelladas, el mejor recurso son los prismáticos, incluso aquellos que guardamos en casa desde hace muchos años. Con ellos podremos explorar los campos estelares de Cassiopeia, Cygnus, Sagittarius, Scorpius y otras espectaculares constelaciones, y deleitarnos con objetos celestes como el Doble Cúmulo de Perseus y las Pléyades. Para orientarnos y reconocer las constelaciones y estrellas de referencia, es una buena idea consultar un planisferio mientras observamos, lo que nos permitirá identificar las principales en solo una o dos noches. Y desde finales de julio a mediados de agosto podremos disfrutar también de la tradicional cita de la lluvia de meteoros (o estrellas fugaces) de las Perseidas, cuyo máximo se suele producir entre el 10 y el 12 de agosto.

 

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Foto: Uno de los sectores más densos de la Vía Láctea en la constelación de Cygnus, con la brillante estrella Deneb y la Nebulosa Norteamérica (en rojo, a la izquierda). (Foto: Vicente Aupí)

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Salvemos las noches estrelladas

Credit: C. Mayhew & R. Simmon (NASA/GSFC), NOAA/ NGDC, DMSP Digital Archive

A mediados del siglo XX aún era posible ver la Vía Láctea desde el interior de muchas ciudades, pero actualmente sólo puede observarse ese espectáculo en plena naturaleza. En 1986 la contaminación lumínica también impidió ver el legendario cometa Halley a millones de personas y hoy, en 2009, en el Año Internacional de la Astronomía, la realidad es que el cielo nocturno se halla en trance de desaparecer en una gran parte del planeta. Conmemoramos este año el 400 aniversario de las primeras observaciones telescópicas que hizo Galileo, pero él apenas podría realizar sus observaciones bajo el cielo actual, porque se lo impediría una infinidad de luces parásitas. Las noches estrelladas, el firmamento nocturno, la grandiosidad de la bóveda celeste… todo ello supone uno de los más grandes patrimonios de la naturaleza que tenemos, y su pérdida sería uno de los mayores contrasentidos para nuestra civilización, porque el ser humano y el resto de los seres vivos estamos todos hechos de fragmentos de estrellas. Es necesario detener el avance de la contaminación lumínica en todo el mundo, pero en el caso de España estamos ante el paradigma de uno de los países con el mejor cielo nocturno de Europa y en el que, lamentablemente, más han aumentado los focos de polución debido a la ausencia de una ley de protección estatal y de medidas que regulen el alumbrado de manera correcta. Pero no te engañes: no es sólo un problema para los astrónomos, porque el exceso de luces en ciudades y pueblos no sólo nos roba las estrellas, sino que, además, supone un gasto económico inútil para todos los ciudadanos. No se trata de quedarnos a oscuras, sino de usar el alumbrado correcto, que ilumine hacia abajo y permita, al mismo tiempo, conservar el patrimonio natural de las noches estrelladas y reducir el sobrecoste de la factura de luz que supone el derroche de tanta farola sin control.

Cielo y Tierra

La canícula y la estrella Sirius

El periodo de mediados de julio a mediados de agosto es habitualmente el más cálido del año en latitudes medias del hemisferio norte. En España se conoce popularmente como la canícula, que se asocia con las semanas más calurosas del verano. Sin embargo, el origen de la palabra latina canícula no es meteorológico, sino astronómico, ya que está relacionado con la constelación Canis Major (Can Mayor), cuya estrella principal, la famosa Sirius, aparece en el cielo del alba a lo largo del mes de julio tras haber permanecido oculta desde finales de la primavera al hallarse detrás del Sol desde la perspectiva de la Tierra. En el antiguo Egipto, esa primera aparición de Sirius en el firmamento matutino -fenómeno que en astronomía se denomina ascensión helíaca- era celebrada en las tierras del Nilo, ya que marcaba el periodo de crecidas fluviales, vital para la agricultura de sus riberas. Tanto en Egipto como en España, Sirius, la estrella más brillante del cielo nocturno, se aleja ahora poco a poco de la posición del Sol y cada día sale un poco más temprano por el horizonte este. Su vínculo histórico con el antiguo Egipto y su brillo en el cielo han hecho de Sirius una estrella mítica, rodeada además de una aureola de leyenda desde que se descubrió en el siglo XIX que es, en realidad, un sistema estelar binario, es decir, compuesto por dos estrellas. Sirius A y Sirius B son dos soles muy diferentes, ya que esta última es una enana blanca, una estrella en las últimas fases de su evolución, de pequeño tamaño pero extraordinariamente densa. Habitualmente, el resplandor de Sirius A impide atisbar Sirius B a través del telescopio, pero actualmente entramos en la etapa de máxima separación angular entre ambas estrellas, que irá aumentando hasta el año 2025, lo que facilitará la observación de la enigmática compañera. Para los habitantes del hemisferio norte, Sirius y la constelación de Canis Major son astros de invierno, ya que están visibles toda la noche en las semanas cercanas al solsticio de diciembre. En junio, cuando llega el solsticio de verano (invierno en el hemisferio sur), la Tierra se halla en una posición de su órbita que coloca al Sol en la perspectiva visual de Canis Major y la cercana constelación de Orion, por lo que ninguna de ambas puede verse al principio del verano.

© Vicente Aupí

Sirius, la estrella más brillante del cielo, destaca en la constelación de Canis Major. (Foto: Vicente Aupí)

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El Observatorio

El Observatorio de Torremocha del Jiloca (Teruel) fue creado por Vicente Aupí en 1985. Se encuentra en esta pequeña población del valle del Jiloca, a 994 metros de altitud, al pie de la Sierra Palomera, en una zona privilegiada para la observación astronómica del cielo y de gran interés desde el punto de vista climatológico, ya que se halla enclavada en el triángulo Geográfico Teruel-Molina de Aragón-Calamocha, considerado como uno de los principales polos del frío de la Península Ibérica.

La serie climatológica del observatorio tiene ya datos de 23 años de observaciones termométricas y pluviométricas. A su vez, las actividades astronómicas se han orientado fundamentalmente a la astrofotografía, la divulgación científica y la observación de acontecimientos celestes como los eclipses solares y lunares y la aparición de destacados cometas, entre ellos el histórico del Halley en 1986.

Más información

Datos climatológicos del observatorio

Si lo deseas puedes acceder aquí a los datos climatológicosde temperatura y precipitación de la estación meteorológica del Observatorio de Torremocha del Jiloca. Los datos diarios están disponibles desde el 1 de septiembre de 2007.

http://www.polosdelfrio.net

Astrofotografía

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  • Cometa Hale-Bopp con la Galaxia de Andromeda y el Doble Cúmulo

  • Deneb y la Nebulosa Norteamérica

  • El firmamento estival

  • Luna llena

"Aun a pesar de tener relojes rotos en los baúles, en las Nubes de Magallanes se guardan los más absolutos y recónditos momentos"

Carmen Cortelles

Estrellas y borrascas
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