Estrellas y Borrascas

WEB DE VICENTE AUPÍ / OBSERVATORIO DEL POLO DEL FRÍO DE TORREMOCHA DEL JILOCA

Portada

Café humeante en la noche polar

El influjo del clima se puede comprobar de mil maneras. La población adapta sus costumbres a las condiciones ambientales, que dibujan el modo de vida de cada país. En ese contexto llaman la atención los informes sobre la distribución del consumo de café en el mundo, cuyos datos hablan a ciencia cierta de los patrones climáticos de algunas regiones. No parece ninguna casualidad que Finlandia, Noruega, Islandia, Dinamarca, Holanda, Suecia, Suiza, Bélgica y Canadá sean, por este orden, los nueve países que más café por persona consumen de forma habitual, lista en la que España ocupa el puesto número 21. Con diferencias notables: mientras que aquí nos tomamos una media de 1,8 tazas de café diarias, en Finlandia -el primero de la tabla- caen 4,7. Redondeando, los ciudadanos de aquel país escandinavo beben en promedio cada día tres tazas más de café per capita que nosotros. Y al cabo del año un finlandés consume 12 kilos de café por término medio, mientras que en España nos conformamos con 4,5. Puede que una parte de esa diferencia se explique llana y simplemente porque les gusta más, pero sería poco científico pasar por alto el hecho de que los países mas cafeinómanos están entre los que sufren los inviernos más largos y duros del planeta, y algunos de ellos tienen parte de su territorio dentro del Círculo Polar Ártico, el paralelo al norte del cual, durante el invierno boreal, se produce la noche polar. El efecto estimulante del café es uno de los recursos para hacer frente al frío y a la oscuridad; para afrontar, en definitiva, las largas jornadas de diciembre y enero en las que el Sol no se asoma allí por encima del horizonte.

 

ILUSTRACIÓN: Recreación de una aurora boreal en un dibujo del explorador noruego Fritdjof Nansen. (Fuente de la imagen: Universidad de Illinois)

VER MÁS ARTÍCULOS

Salvemos las noches estrelladas

Credit: C. Mayhew & R. Simmon (NASA/GSFC), NOAA/ NGDC, DMSP Digital Archive

A mediados del siglo XX aún era posible ver la Vía Láctea desde el interior de muchas ciudades, pero actualmente sólo puede observarse ese espectáculo en plena naturaleza. En 1986 la contaminación lumínica también impidió ver el legendario cometa Halley a millones de personas y hoy, en 2009, en el Año Internacional de la Astronomía, la realidad es que el cielo nocturno se halla en trance de desaparecer en una gran parte del planeta. Conmemoramos este año el 400 aniversario de las primeras observaciones telescópicas que hizo Galileo, pero él apenas podría realizar sus observaciones bajo el cielo actual, porque se lo impediría una infinidad de luces parásitas. Las noches estrelladas, el firmamento nocturno, la grandiosidad de la bóveda celeste… todo ello supone uno de los más grandes patrimonios de la naturaleza que tenemos, y su pérdida sería uno de los mayores contrasentidos para nuestra civilización, porque el ser humano y el resto de los seres vivos estamos todos hechos de fragmentos de estrellas. Es necesario detener el avance de la contaminación lumínica en todo el mundo, pero en el caso de España estamos ante el paradigma de uno de los países con el mejor cielo nocturno de Europa y en el que, lamentablemente, más han aumentado los focos de polución debido a la ausencia de una ley de protección estatal y de medidas que regulen el alumbrado de manera correcta. Pero no te engañes: no es sólo un problema para los astrónomos, porque el exceso de luces en ciudades y pueblos no sólo nos roba las estrellas, sino que, además, supone un gasto económico inútil para todos los ciudadanos. No se trata de quedarnos a oscuras, sino de usar el alumbrado correcto, que ilumine hacia abajo y permita, al mismo tiempo, conservar el patrimonio natural de las noches estrelladas y reducir el sobrecoste de la factura de luz que supone el derroche de tanta farola sin control.

Cielo y Tierra

"Crónicas de fuego y nieve", nuevo libro de Vicente Aupí sobre la Guerra Civil Española

La editorial Dobleuve Comunicación acaba de publicar un nuevo libro de Vicente Aupí: Crónicas de fuego y nieve. La Guerra Civil Española y los corresponsales internacionales en la Batalla de Teruel. La obra se publica coincidiendo con el 80 aniversario de esta batalla, uno de los episodios mayores de la guerra, que se produjo durante el crudísimo invierno 1937-38. En el libro Vicente Aupí rinde tributo a la constelación de reporteros llegados desde todo el mundo al Frente de Teruel, en el que escribieron una memorable página en el marco de la edad de oro del periodismo que se vivió durante la Guerra de España. Ernest Hemingway, Herbert Matthews, Henry Buckley, Sefton Delmer, Ilya Ehrenburg, Mathieu Corman, Edward J. Neil, Bradish Johnson, Richard Sheepshanks, Kim Philby, Robert Capa, Walter Reuter, Kati Horna, Harry Randall... Son algunos de los nombres propios más destacados de la élite de cronistas y fotógrafos que narraron a millones de personas de todo el mundo lo que acontecía en Teruel y la Guerra Civil a través de las páginas de los rotativos más prestigiosos del planeta: The New York Times, Daily Telegraph, The Times, Ce soir, Paris-Soir y muchos otros diarios del planeta se hicieron eco de un episodio bélico de trascendencia internacional. El autor profundiza, asimismo, en el laberinto diplomático y militar en el que, tal como afirma, "la Guerra Civil tejió el traje con el que se vistió Europa durante la Segunda Guerra Mundial", algo de lo que fueron testigos de excepción los corresponsales internacionales, que vieron con sus propios ojos en la Batalla de Teruel la decisiva ayuda de Hitler y Mussolini al bando sublevado. El libro cuenta con un prólogo de Ramón Buckley y una introducción de Carlos García Santa Cecilia, dos de los grandes escritores españoles especializados en el papel de la prensa en la Guerra Civil.

© Vicente Aupí

Portada del libro de Vicente Aupí sobre los corresponsales internacionales en la Batalla de Teruel.

VER MÁS DE CIELO Y TIERRA

El Observatorio

El Observatorio de Torremocha del Jiloca (Teruel) fue creado por Vicente Aupí en 1985. Se encuentra en esta pequeña población del valle del Jiloca, a 994 metros de altitud, al pie de la Sierra Palomera, en una zona privilegiada para la observación astronómica del cielo y de gran interés desde el punto de vista climatológico, ya que se halla enclavada en el triángulo Geográfico Teruel-Molina de Aragón-Calamocha, considerado como uno de los principales polos del frío de la Península Ibérica.

La serie climatológica del observatorio tiene ya datos de 23 años de observaciones termométricas y pluviométricas. A su vez, las actividades astronómicas se han orientado fundamentalmente a la astrofotografía, la divulgación científica y la observación de acontecimientos celestes como los eclipses solares y lunares y la aparición de destacados cometas, entre ellos el histórico del Halley en 1986.

Más información

Datos climatológicos del observatorio

Si lo deseas puedes acceder aquí a los datos climatológicosde temperatura y precipitación de la estación meteorológica del Observatorio de Torremocha del Jiloca. Los datos diarios están disponibles desde el 1 de septiembre de 2007.

http://www.polosdelfrio.net

Astrofotografía

Ver más fotografías

  • Cinturón y Nebulosa de Orion

  • Cometa Hale-Bopp con la Galaxia de Andromeda y el Doble Cúmulo

  • Deneb y la Nebulosa Norteamérica

  • El firmamento estival

  • Luna llena

"Aun a pesar de tener relojes rotos en los baúles, en las Nubes de Magallanes se guardan los más absolutos y recónditos momentos"

Carmen Cortelles

Estrellas y borrascas
Todos los derechos reservados.
© Vicente Aupí. Salvo indicación en contra todos los textos y las fotografías son del autor. Su uso o reproducción sólo se permite mediante la correspondiente autorización previa.
CONTACTO: vaupi@estrellasyborrascas.com