Estrellas y Borrascas

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Sol de medianoche en el Ártico y
noche polar en la Antártida

Estamos en las semanas del año en las que el Sol no se pone al norte del Círculo Polar Ártico. Desde allí se contempla en estas fechas el sol de medianoche, uno de los grandes espectáculos anuales de la naturaleza, que se produce en los días cercanos al solsticio del 21 de junio, que marca el inicio del verano boreal y el invierno austral. En los países árticos el astro rey no se oculta bajo el horizonte, por lo que es de día las 24 horas, una experiencia que viven cada año los habitantes de Escandinavia, Siberia y Canadá. Son los días más largos del año, tanto allí como en el resto del hemisferio norte, en el que el mes de junio aporta el mayor número de horas de luz diarias. Sin embargo, en el hemisferio sur comienza ahora el invierno austral, y consecuentemente reina la noche polar al sur del Círculo Polar Antártico, donde los investigadores de las bases cientíticas de la Antártida se preparan para vivir los meses más fríos del año. En esta época, el Sol no se levanta allí por encima del horizonte y los termómetros de sus estaciones meteorológicas medirán a lo largo del invierno las temperaturas más bajas que se registran en el planeta. La base rusa Vostok ostenta el récord de frío en la Tierra, con los -89,2 ºobservados en julio de 1983. En la vecina base norteamericana Amundsen-Scott, cercana al Polo Sur, se registran valores muy parecidos, que nos hablan del clima más inhóspito que pueda imaginarse. Este contraste entre la noche y el día que se da en ambos polos se debe a la inclinación del eje de rotación de la Tierra, que es de 23,5 grados respecto a la eclíptica, el plano de la órbita alrededor del Sol, y que determina que las estaciones estén invertidas en ambos hemisferios: si es invierno en el norte, hay verano en el sur, y el otoño boreal coincide con la primavera austral. En los países septentrionales son también los días de menor sombra, ya que el Sol está muy alto en el cielo. En el Trópico de Cáncer, el día 21 de junio al mediodía el Sol está en el cenit y, por ello, no hay sombras.

 

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FOTOGRAFÍA: El sol de medianoche, captado desde cabo Norte, en Noruega, uno de los lugares de culto de millones de turistas que se acercan cada año para contemplar este fenómeno en las semanas del solsticio de verano. (Foto: Yan Zhang)

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Salvemos las noches estrelladas

Credit: C. Mayhew & R. Simmon (NASA/GSFC), NOAA/ NGDC, DMSP Digital Archive

A mediados del siglo XX aún era posible ver la Vía Láctea desde el interior de muchas ciudades, pero actualmente sólo puede observarse ese espectáculo en plena naturaleza. En 1986 la contaminación lumínica también impidió ver el legendario cometa Halley a millones de personas y hoy, en 2009, en el Año Internacional de la Astronomía, la realidad es que el cielo nocturno se halla en trance de desaparecer en una gran parte del planeta. Conmemoramos este año el 400 aniversario de las primeras observaciones telescópicas que hizo Galileo, pero él apenas podría realizar sus observaciones bajo el cielo actual, porque se lo impediría una infinidad de luces parásitas. Las noches estrelladas, el firmamento nocturno, la grandiosidad de la bóveda celeste… todo ello supone uno de los más grandes patrimonios de la naturaleza que tenemos, y su pérdida sería uno de los mayores contrasentidos para nuestra civilización, porque el ser humano y el resto de los seres vivos estamos todos hechos de fragmentos de estrellas. Es necesario detener el avance de la contaminación lumínica en todo el mundo, pero en el caso de España estamos ante el paradigma de uno de los países con el mejor cielo nocturno de Europa y en el que, lamentablemente, más han aumentado los focos de polución debido a la ausencia de una ley de protección estatal y de medidas que regulen el alumbrado de manera correcta. Pero no te engañes: no es sólo un problema para los astrónomos, porque el exceso de luces en ciudades y pueblos no sólo nos roba las estrellas, sino que, además, supone un gasto económico inútil para todos los ciudadanos. No se trata de quedarnos a oscuras, sino de usar el alumbrado correcto, que ilumine hacia abajo y permita, al mismo tiempo, conservar el patrimonio natural de las noches estrelladas y reducir el sobrecoste de la factura de luz que supone el derroche de tanta farola sin control.

Cielo y Tierra

Las Beta Táuridas y los impactos cósmicos de junio

Estamos en las semanas del año en las que, a lo largo de la historia, se han producido algunos de los grandes impactos cósmicos. Uno de ellos fue el del 18 de junio de 1178 en la Luna, en la que varios monjes de Canterbury observaron con asombro una gran llamarada. Se sospecha que aquel fuego celeste fue producto del impacto que excavó un cráter lunar, que posteriormente fue bautizado con el nombre de Giordano Bruno. Asimismo, el 30 de junio de 1908 se produjo el suceso de Tunguska, en Siberia, donde aquel día un fragmento de cometa de unos 100 metros de diámetro produjo una gigantesca explosión en la atmósfera, en la que es la última colisión cósmica de grandes proporciones acaecida sobre la Tierra. Aunque no hay una certeza total, ambos episodios, al igual que otros muchos menores, podrían tener relación con la lluvia de meteoros de las Beta Táuridas, una de las menos conocidas pero, a la vez, una de las más importantes por su vínculo con los grandes impactos cósmicos que ha producido. Su escasa fama se debe a que es una lluvia meteórica diurna, ya que el radiante, un punto de la esfera celeste próximo a la estrella Elnath (Beta Tauri, en la constelación de Taurus), no es visible de noche y está en el cielo durante las horas de luz solar. Esa circunstancia impide que puedan verse muchos de los meteoros del enjambre, a diferencia de lo que sucede con otras lluvias, como las famosas Perseidas o Lágrimas de san Lorenzo, o de las Leónidas en noviembre. Las Beta Táuridas parecen estar asociadas al cometa Encke, y el máximo suele coincidir con el 30 de junio o los días más próximos a esa fecha, aniversario del suceso de Tunguska. Si pinchas aquí puedes saber más acerca de dicho suceso, y aquí puedes leer el artículo completo sobre los impactos cósmicos de junio.

© Vicente Aupí

El cometa Encke, captado con el telescopio Spitzer en 2004. (Foto: NASA/JPL-Caltech/M. Kelley-Univ. of Minnesota)

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El Observatorio

El Observatorio de Torremocha del Jiloca (Teruel) fue creado por Vicente Aupí en 1985. Se encuentra en esta pequeña población del valle del Jiloca, a 994 metros de altitud, al pie de la Sierra Palomera, en una zona privilegiada para la observación astronómica del cielo y de gran interés desde el punto de vista climatológico, ya que se halla enclavada en el triángulo Geográfico Teruel-Molina de Aragón-Calamocha, considerado como uno de los principales polos del frío de la Península Ibérica.

La serie climatológica del observatorio tiene ya datos de 23 años de observaciones termométricas y pluviométricas. A su vez, las actividades astronómicas se han orientado fundamentalmente a la astrofotografía, la divulgación científica y la observación de acontecimientos celestes como los eclipses solares y lunares y la aparición de destacados cometas, entre ellos el histórico del Halley en 1986.

Más información

Datos climatológicos del observatorio

Si lo deseas puedes acceder aquí a los datos climatológicosde temperatura y precipitación de la estación meteorológica del Observatorio de Torremocha del Jiloca. Los datos diarios están disponibles desde el 1 de septiembre de 2007.

http://www.polosdelfrio.net

Astrofotografía

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"Aun a pesar de tener relojes rotos en los baúles, en las Nubes de Magallanes se guardan los más absolutos y recónditos momentos"

Carmen Cortelles

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