Estrellas y Borrascas

WEB DE VICENTE AUPÍ / OBSERVATORIO DEL POLO DEL FRÍO DE TORREMOCHA DEL JILOCA

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Estrellas y constelaciones de verano

Cygnus, Lyra, Aquila, Sagittarius, Scorpius... Las noches estrelladas del verano boreal tienen como invitadas a algunas de las constelaciones más espectaculares, que presiden el firmamento de la mano de la Vía Láctea, nuestra galaxia, cuyo trazo blanquecino destaca poderosamente cuando observamos el cielo en plena naturaleza, lejos de la iluminación artificial de las ciudades. Aunque en el hemisferio sur ahora es invierno, estas constelaciones son identificadas por los observadores del hemisferio norte como las protagonistas del verano boreal, al coincidir con las semanas del año en las que millones de personas de las latitudes medias de Europa, Amérrica y Asia las localizan fácilmente durante las cálidas noches estivales. En esta época del año, el Triángulo Estival es uno de los asterismos de referencia, formado por las estrellas Vega (en la constelación de Lyra), Altair (Aquila) y Deneb (Cygnus). En Scorpius, la estrella destacada es la supergigante roja Antares, y si centramos nuestra mirada en Sagittarius observaremos una extraordinaria densidad estelar, que se debe al hecho de que en esa dirección está el centro de la Vía Láctea. El cielo estival es espectacular a simple vista, pero se convierte en algo extraordinario cuando lo recorremos con unos prismáticos o un pequeño telescopio recreándonos en sus ricos cúmulos estelares y en las sorprendentes nebulosas que aparecen ante nosotros.

 

FOTOGRAFÍA: Campos estelares de la Vía Láctea en Cygnus, el Cisne, la constelación que alberga objetos tan extraordinarios como la Nebulosa Norteamérica (NGC 7000), junto al centro de la imagen, y la estrella Deneb, a su derecha. La nebulosa no se puede observar visualmente, pero aparece fácilmente en las fotografías. (Foto: Vicente Aupí)

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Salvemos las noches estrelladas

Credit: C. Mayhew & R. Simmon (NASA/GSFC), NOAA/ NGDC, DMSP Digital Archive

A mediados del siglo XX aún era posible ver la Vía Láctea desde el interior de muchas ciudades, pero actualmente sólo puede observarse ese espectáculo en plena naturaleza. En 1986 la contaminación lumínica también impidió ver el legendario cometa Halley a millones de personas y hoy, en 2009, en el Año Internacional de la Astronomía, la realidad es que el cielo nocturno se halla en trance de desaparecer en una gran parte del planeta. Conmemoramos este año el 400 aniversario de las primeras observaciones telescópicas que hizo Galileo, pero él apenas podría realizar sus observaciones bajo el cielo actual, porque se lo impediría una infinidad de luces parásitas. Las noches estrelladas, el firmamento nocturno, la grandiosidad de la bóveda celeste… todo ello supone uno de los más grandes patrimonios de la naturaleza que tenemos, y su pérdida sería uno de los mayores contrasentidos para nuestra civilización, porque el ser humano y el resto de los seres vivos estamos todos hechos de fragmentos de estrellas. Es necesario detener el avance de la contaminación lumínica en todo el mundo, pero en el caso de España estamos ante el paradigma de uno de los países con el mejor cielo nocturno de Europa y en el que, lamentablemente, más han aumentado los focos de polución debido a la ausencia de una ley de protección estatal y de medidas que regulen el alumbrado de manera correcta. Pero no te engañes: no es sólo un problema para los astrónomos, porque el exceso de luces en ciudades y pueblos no sólo nos roba las estrellas, sino que, además, supone un gasto económico inútil para todos los ciudadanos. No se trata de quedarnos a oscuras, sino de usar el alumbrado correcto, que ilumine hacia abajo y permita, al mismo tiempo, conservar el patrimonio natural de las noches estrelladas y reducir el sobrecoste de la factura de luz que supone el derroche de tanta farola sin control.

Cielo y Tierra

El olor de las tormentas

Las tormentas desbordan nuestros sentidos en uno de los mayores espectáculos que puede ofrecernos la naturaleza. Todos reconocemos desde nuestra infancia el inconfundible aroma a tierra mojada de una tarde de verano tras un chubasco repentino o uno de los clásicos chaparrones que descargan los famosos cumulonimbus, las grandes nubes de desarrollo vertical.. La clave de ese olor que evoca tantos recuerdos y sensaciones agradables está en la geosmina, la sustancia liberada por la bacteria Streptomyces coelicolor, que impregna el aire cuando es levantada de la tierra seca por la lluvia. Pero las tormentas no siempre huelen bien: a veces, cuando van acompañadas de gran aparato eléctrico, se forma ozono, cuyo intenso e irritante olor envuelve la atmósfera durante algunos minutos tras una intensa tromba de agua y granizo acompañada por espectaculares rayos y truenos. Suele suceder con las supercélulas, extraordinarios sistemas tormentosos que algunas veces tienen un notable protagonismo. Las tormentas, pues, pueden dejar sensaciones contrapuestas, aunque algunas personas creen erróneamente que el olor a tierra mojada se debe al ozono, que es, en realidad, un gas tóxico en grandes concentraciones y muy desagradable para nuestro sentido del olfato. En la estratosfera el ozono nos protege de los rayos ultravioleta, pero en la troposfera puede formarse a causa de la acción combinada de la contaminación y la radiación solar o merced a las descargas eléctricas de las tormentas. Puedes leer el artículo completo haciendo click aquí.

© Vicente Aupí

Imagen formada con la secuencia fotográfica de múltiples tomas de descargas de rayos en varias tormentas. (Foto: NOAA Photo Library, NOAA Central Library; OAR/ERL/National Severe Storms Laboratory)

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El Observatorio

El Observatorio de Torremocha del Jiloca (Teruel) fue creado por Vicente Aupí en 1985. Se encuentra en esta pequeña población del valle del Jiloca, a 994 metros de altitud, al pie de la Sierra Palomera, en una zona privilegiada para la observación astronómica del cielo y de gran interés desde el punto de vista climatológico, ya que se halla enclavada en el triángulo Geográfico Teruel-Molina de Aragón-Calamocha, considerado como uno de los principales polos del frío de la Península Ibérica.

La serie climatológica del observatorio tiene ya datos de 23 años de observaciones termométricas y pluviométricas. A su vez, las actividades astronómicas se han orientado fundamentalmente a la astrofotografía, la divulgación científica y la observación de acontecimientos celestes como los eclipses solares y lunares y la aparición de destacados cometas, entre ellos el histórico del Halley en 1986.

Más información

Datos climatológicos del observatorio

Si lo deseas puedes acceder aquí a los datos climatológicosde temperatura y precipitación de la estación meteorológica del Observatorio de Torremocha del Jiloca. Los datos diarios están disponibles desde el 1 de septiembre de 2007.

http://www.polosdelfrio.net

Astrofotografía

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"Aun a pesar de tener relojes rotos en los baúles, en las Nubes de Magallanes se guardan los más absolutos y recónditos momentos"

Carmen Cortelles

Estrellas y borrascas
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