


El eclipse total del Sol del 12 de agosto de 2026 es el primero que puede observarse desde la España peninsular en más de un siglo. Se trata de una cita con la historia en la que, además de la excepcionalidad del evento astronómico, confluye la masiva afluencia de visitantes que se desplazará a nuestro país para observar el fenómeno, cuya franja de visibilidad abarca desde el noroeste peninsular hasta las islas Baleares. La fase de totalidad, en la que la Luna eclipsa por completo al Sol durará entre 1 minuto y 1 minuto y 50 segundos según el punto de observación, situándose los de mayor duración en la zona noroeste peninsular. No obstante, el máximo del eclipse se producirá al final de la tarde del 12 de agosto, poco antes de ocultarse el Sol, por lo que esta circunstancia hace aconsejable buscar lugares de observación en los que el horizonte oeste quede completamente libre de obstáculos. Asimismo, para la fase de parcialidad, en la que la Luna no oculta totalmente al Sol, es necesario usar gafas protectoras de observación solar homologadas. Solamente se puede prescindir de ellas durante la totalidad. Sin embargo, las gafas protectoras de observación solar únicamente deben usarse cuando observemos directamente el Sol sin ningún instrumento óptico, pero no podemos utilizarlas para mirar por telescopios, prismáticos o teléfonos móviles, que en todos los casos necesitan también, a su vez, el uso de sus respectivos filtros. El de 2026 es el primero de tres eclipses solares (dos totales y uno anular) que se podrán disfrutar desde España hasta 2028. Diferentes instituciones, entre ellas el Instituto Geográfico Nacional (IGN), han publicado información de gran utilidad para las personas interesadas en asistir a estos magníficos espectáculos astronómicos. También te aconsejo que leas este hilo abierto, con consejos para observar el eclipse con seguridad, y mucha información útil que he publicado en mi cuenta de X/Twitter: https://x.com/VicenteAupi/status/2035682148431118361.
IMAGEN: Franja de visibilidad de la fase de totalidad en el eclipse de Sol del 12 de agosto de 2026. Fuente de la imagen: Instituto Geográfico Nacional (IGN).

Credit: C. Mayhew & R. Simmon (NASA/GSFC), NOAA/ NGDC, DMSP Digital Archive
A mediados del siglo XX aún era posible ver la Vía Láctea desde el interior de muchas ciudades, pero actualmente sólo puede observarse ese espectáculo en plena naturaleza. En 1986 la contaminación lumínica también impidió ver el legendario cometa Halley a millones de personas y hoy, en pleno siglo XXI, la realidad es que el cielo nocturno se halla en trance de desaparecer en una gran parte del planeta. Hace cuatro siglos que Galileo hizo los primeros estudios telescópicos, pero él apenas podría realizar sus observaciones bajo el cielo actual, porque se lo impediría una infinidad de luces parásitas. Las noches estrelladas, el firmamento nocturno, la grandiosidad de la bóveda celeste… todo ello supone uno de los más grandes patrimonios de la naturaleza que tenemos, y su pérdida sería uno de los mayores contrasentidos para nuestra civilización, porque el ser humano y el resto de los seres vivos estamos todos hechos de fragmentos de estrellas. Es necesario detener el avance de la contaminación lumínica en todo el mundo, pero en el caso de España estamos ante el paradigma de uno de los países con el mejor cielo nocturno de Europa y en el que, lamentablemente, más han aumentado los focos de polución debido a la ausencia de una ley de protección estatal y de medidas que regulen el alumbrado de manera correcta. Pero no te engañes: no es sólo un problema para los astrónomos, porque el exceso de luces en ciudades y pueblos no sólo nos roba las estrellas, sino que, además, supone un gasto económico inútil para todos los ciudadanos. No se trata de quedarnos a oscuras, sino de usar el alumbrado correcto, que ilumine hacia abajo y permita, al mismo tiempo, conservar el patrimonio natural de las noches estrelladas y reducir el sobrecoste de la factura de luz que supone el derroche de tanta farola sin control.
Editorial Dobleuve acaba de publicar la segunda edición de El General Invierno y la Batalla de Teruel, de Vicente Aupí, primer libro sobre el impacto de los grandes temporales de frío y nieve en este decisivo episodio de la Guerra Civil Española, en el que más de 15.000 combatientes sufrieron congelaciones. El lector encontrará aquí el paralelismo entre los hechos históricos de la guerra y los fenómenos atmosféricos, que tuvieron un papel determinante en el desarrollo y desenlace de la batalla. Asimismo, los estudios de campo realizados por el autor para esta obra aportan luz sobre algunas de las causas de la gran incidencia de las congelaciones merced a procesos como el de la inversión térmica en condiciones meteorológicas excepcionales. La obra incluye una notable colección fotográfica, en la que destaca la de los archivos de la Brigada Lincoln en la Universidad de Nueva York, donde fue presentada la primera edición de esta obra de Vicente Aupí en 2016. Esas extraordinarias imágenes constituyen uno de los grandes tesoros documentales sobre las Brigadas Internacionales, que llamaron a Teruel “el Polo Norte”, por la magnitud de los fríos que padecieron. A su vez, Herbert Lionel Matthews, corresponsal de The New York Times en la Guerra Civil Española, escribió que nada le impresionó tanto como el mal tiempo en el que se libró la batalla. Este libro es el primer título de la gran trilogía de Vicente Aupí sobre la Guerra Civil. En el segundo,Crónicas de fuego y nieve, se aborda el extraordinario papel de los corresponsales de prensa internacionales, y en el tercero,El Caudillo y las uvas de la derrota, se amplía el análisis del paralelismo entre la situación meteorológica del invierno 1937-38 y el desenlace de algunos de los grandes sucesos de la Batalla de Teruel, con revelaciones inéditas sobre el gran error militar del mando sublevado (seguramente el más importante de toda la guerra) que llevó a la caída franquista ante los republicanos la primera semana de 1938.
© Vicente Aupí

Portada de la nueva edición del libro de Vicente Aupí.

El Observatorio de Torremocha del Jiloca (Teruel) fue creado por Vicente Aupí en 1985. Se encuentra en esta pequeña población del valle del Jiloca, a 994 metros de altitud, al pie de la Sierra Palomera, en una zona privilegiada para la observación astronómica del cielo y de gran interés desde el punto de vista climatológico, ya que se halla enclavada en el triángulo Geográfico Teruel-Molina de Aragón-Calamocha, considerado como uno de los principales polos del frío de la Península Ibérica.
La serie climatológica del observatorio tiene ya datos de 34 años de observaciones termométricas y pluviométricas. A su vez, las actividades astronómicas se han orientado fundamentalmente a la astrofotografía, la divulgación científica y la observación de acontecimientos celestes como los eclipses solares y lunares y la aparición de destacados cometas, entre ellos el histórico del Halley en 1986.
Si lo deseas puedes acceder aquí a los datos climatológicos de temperatura y precipitación de la estación meteorológica del Observatorio de Torremocha del Jiloca en este enlace
Cinturón y Nebulosa de Orion
Cometa Hale-Bopp con la Galaxia de Andromeda y el Doble Cúmulo
Deneb y la Nebulosa Norteamérica
El firmamento estival
Luna llena

"Aun a pesar de tener relojes rotos en los baúles, en las Nubes de Magallanes se guardan los más absolutos y recónditos momentos"
Carmen Cortelles
Estrellas y borrascas
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