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Orion no puede perder su mano, la legendaria Betelgeuse

“La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad”. Esta sentencia mítica de la película Blade Runner explica perfectamente por qué las estrellas más gigantescas que se conocen están condenadas a autodestruirse en unos cuantos millones de años (una nimiedad en las escalas cósmicas) mientras el Sol puede vivir 10.000 o 12.000 millones de años. Betelgeuse, la bella supergigante roja de la constelación de Orion que actualmente observan miles de astrónomos por sus notables cambios de brillo, tiene un diámetro que supera los 800 millones de kilómetros, por lo que su tamaño es equivalente al de la órbita de Júpiter. Esto es, si estuviera en el centro del Sistema Solar la Tierra estaría dentro de ella. El destino escrito para Betelgeuse es que acabe su vida resplandeciendo tanto como toda la Vía Láctea al convertirse en supernova, y después probablemente se transformará en estrella de neutrones o agujero negro. La pérdida de brillo que mostró hace meses ha alimentado el interés de millones de personas, pendientes de un hipotético espectáculo celeste con una gran explosión, pero también son millones los astrónomos y observadores del cielo que no desean la muerte de Betelgeuse, uno de los grandes iconos de la astronomía y de toda la simbología histórica y cultural del estudio del firmamento y el Cosmos. De origen árabe, el significado de su nombre no está claro, ya que se cree que la denominación original puede haberse distorsionado con el paso de los siglos. Pero es probable que quienes forjaron su leyenda la concibieran como la mano de Orion, el gran cazador cuya figura representa una de las constelaciones más bellas. El día que Betelgeuse explote, el cielo resplandecerá temporalmente, pero después se apagará para siempre una de las grandes candelas del firmamento y Orion perderá su legendaria figura y el hipnótico influjo que ha ejercido sobre la humanidad desde hace milenios. No sabemos qué ocurre en esta estrella gigante, pero a pesar de los titubeos que muestra su luz, es probable que a Betelgeuse aún le quede aliento para alumbrar el cielo del invierno boreal durante cientos o miles de años. Puedes leer más sobre supernovas en la Vía Láctea en este artículo publicado en El País y en este sobre la Estrella de Kepler.

 

FOTOGRAFÍA: La estrella Betelgeuse en una composición de imágenes del Digitized Sky Survey 2 (DSS2) del European Sothern Observatory (ESO). El sector del encuadre tiene un campo de 2x1,5 grados. (Imagen: ESO/Digitized Sky Survey 2)

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Salvemos las noches estrelladas

Credit: C. Mayhew & R. Simmon (NASA/GSFC), NOAA/ NGDC, DMSP Digital Archive

A mediados del siglo XX aún era posible ver la Vía Láctea desde el interior de muchas ciudades, pero actualmente sólo puede observarse ese espectáculo en plena naturaleza. En 1986 la contaminación lumínica también impidió ver el legendario cometa Halley a millones de personas y hoy, en pleno siglo XXI, la realidad es que el cielo nocturno se halla en trance de desaparecer en una gran parte del planeta. Hace cuatro siglos que Galileo hizo los primeros estudios telescópicos, pero él apenas podría realizar sus observaciones bajo el cielo actual, porque se lo impediría una infinidad de luces parásitas. Las noches estrelladas, el firmamento nocturno, la grandiosidad de la bóveda celeste… todo ello supone uno de los más grandes patrimonios de la naturaleza que tenemos, y su pérdida sería uno de los mayores contrasentidos para nuestra civilización, porque el ser humano y el resto de los seres vivos estamos todos hechos de fragmentos de estrellas. Es necesario detener el avance de la contaminación lumínica en todo el mundo, pero en el caso de España estamos ante el paradigma de uno de los países con el mejor cielo nocturno de Europa y en el que, lamentablemente, más han aumentado los focos de polución debido a la ausencia de una ley de protección estatal y de medidas que regulen el alumbrado de manera correcta. Pero no te engañes: no es sólo un problema para los astrónomos, porque el exceso de luces en ciudades y pueblos no sólo nos roba las estrellas, sino que, además, supone un gasto económico inútil para todos los ciudadanos. No se trata de quedarnos a oscuras, sino de usar el alumbrado correcto, que ilumine hacia abajo y permita, al mismo tiempo, conservar el patrimonio natural de las noches estrelladas y reducir el sobrecoste de la factura de luz que supone el derroche de tanta farola sin control.

Cielo y Tierra

"El Triángulo de Hielo": historia y crónicas del Polo del Frío

En este libro de Vicente Aupí encontrarás la historia, los datos y la crónica humana del Polo del Frío Español, el triángulo geográfico formado por Teruel, Calamocha y Molina de Aragón, en el que se han observado las temperaturas más bajas en zonas pobladas de España. E l 17 de diciembre de 1963 se registraron aquí -30 ºC en el observatorio de Calamocha-Fuentes Claras, en uno de los frecuentes episodios de frío extremo que se han producido en el citado triángulo, en el que a lo largo de la historia se han dado más de un centenar de episodios con registros inferiores a los -20 ºC, destacando entre otras muchas las efemérides de -28,2 ºC en Molina de Aragón el día 28 de enero de 1952 y los -28,0 ºC de Monreal del Campo el 4 de enero de 1971. El libro es, además, un homenaje a los observadores del tiempo que han desarrollado su labor en esta zona en condiciones extraordinariamente duras, y cuyo testimonio está plasmado en la obra junto a numerosas vivencias y anécdotas. Asimismo, se han recuperado algunos documentos históricos del Observatorio de Teruel, como los libros de observaciones de Pedro Marcolain de finales del siglo XIX, en el que temporales de frío y nieve como el de enero de 1885 constituyeron los últimos ecos de la Pequeña Edad de Hielo. También se incluyen imagenes de algunos de las grandes heladas y nevadas de mediados del siglo XX, como las del célebre fotógrafo Francisco López Segura, cedidas por el Instituto de Estudios Turolenses. El libro ha sido publicado por la editorial Dobleuve Comunicación y cuenta con un prólogo de José Antonio Maldonado, hombre del tiempo en TVE hasta 2008 y presidente de la Asociación Meteorológica Española, y un pequeño relato de David Momblona, observador meteorológico en Molina de Aragón desde 2005 a 2009. Si quieres más información sobre el libro la tienes aquí.

© Vicente Aupí

Portada del libro de Vicente Aupí

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El Observatorio

El Observatorio de Torremocha del Jiloca (Teruel) fue creado por Vicente Aupí en 1985. Se encuentra en esta pequeña población del valle del Jiloca, a 994 metros de altitud, al pie de la Sierra Palomera, en una zona privilegiada para la observación astronómica del cielo y de gran interés desde el punto de vista climatológico, ya que se halla enclavada en el triángulo Geográfico Teruel-Molina de Aragón-Calamocha, considerado como uno de los principales polos del frío de la Península Ibérica.

La serie climatológica del observatorio tiene ya datos de 34 años de observaciones termométricas y pluviométricas. A su vez, las actividades astronómicas se han orientado fundamentalmente a la astrofotografía, la divulgación científica y la observación de acontecimientos celestes como los eclipses solares y lunares y la aparición de destacados cometas, entre ellos el histórico del Halley en 1986.

Más información

Datos climatológicos del observatorio

Si lo deseas puedes acceder aquí a los datos climatológicos de temperatura y precipitación de la estación meteorológica del Observatorio de Torremocha del Jiloca en este enlace

Astrofotografía

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  • Cinturón y Nebulosa de Orion

  • Cometa Hale-Bopp con la Galaxia de Andromeda y el Doble Cúmulo

  • Deneb y la Nebulosa Norteamérica

  • El firmamento estival

  • Luna llena

"Aun a pesar de tener relojes rotos en los baúles, en las Nubes de Magallanes se guardan los más absolutos y recónditos momentos"

Carmen Cortelles

Estrellas y borrascas
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