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CIELO Y TIERRA

Se cumplen 25 años de la última visita del cometa Halley

El cometa Halley, fotografiado el 20 de marzo de 1986 desde el pico Javalambre (Teruel), a 2.020 metros de altitud. El resplandor de fondo que aparece a la derecha es la contaminación lumínica de la ciudad deValencia a más de 100 kilómetros de distancia. (Foto: Vicente Aupí)

14
MAR
2011

Se cumplen ahora 25 años de la última visita del cometa Halley. Durante el mes de marzo y parte de la primavera de 1986, el mítico cometa ofreció un discreto espectáculo a los afortunados observadores que lograron localizarlo en un cielo poco favorable, en el que este astro errante se asomó a muy escasa altura sobre el horizonte. Fue necesario, para muchos, huir de las ciudades, ya entonces con grandes índices de contaminación lumínica, para ver el cometa más famoso, que se aproxima a la Tierra cada 76 años. Las apariciones anteriores le habían impregnado de una aureola que alcanzó su máximo en la visita de 1910, cuando la Tierra cruzó la cola del cometa en el mes de mayo y en todo el mundo se temió que fuera el fin de los días. Por eso, la expectación generada en 1986 fue extraordinaria, aunque el brillo y la posición del Halley no estuvieron a la altura de tanto interés y la mayoría de la gente sólo pudo verlo en las fotos e imágenes publicadas en la prensa y la televisión. Estos días de marzo de 2011 se cumplen, además, 25 años del encuentro de la sonda Giotto con el Halley, en la primera misión espacial enviada a un cometa. Tras aquella cita de 1986, el famoso cometa emprendió el regreso hacia los confines del Sistema Solar, de los que volverá en el año 2061, la fecha de su próximo reencuentro con la Tierra. La órbita fue identificada por el científico Edmund Halley en el siglo XVIII tras estudiar testimonios y documentos históricos sobre observaciones cometarias, en los que descubrió que se habían producido apariciones cada 75-76 años. Merced a ello, Halley sospechó con acierto que no eran cometas diferentes, sino el mismo que aparecía periódicamente por las características de su órbita alrededor del Sol. Y profetizó que volvería a verse en 1758, aunque murió antes de comprobarlo por sí mismo. Pero su vaticinio fue correcto y el cometa fue bautizado con su nombre y, desde entonces, es el más famoso de la historia.

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