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ASTRONOMÍA

La perspectiva de lejanía en la astrofotografía de la Galaxia de Andromeda (M31)

Esta imagen de la Galaxia de Andromeda (M 31) es un clásico del siglo XX. Pertenece al Observatorio de Monte Palomar y fue tomada a finales de los años 50 con la Cámara Schmidt de 48 pulgadas. Tiene el encuadre correcto en el que se percibe mejor la sensación de lejanía. Junto a M 31 aparecen sus galaxias satélite: M 110 arriba a la derecha y M 32 debajo del núcleo de la galaxia principal.

Esta galaxia espiral, que seguramente se parece a la Vía Láctea, es el objeto celeste más distante que se puede observar a simple vista, sin prismáticos o telescopios, e históricamente ha sido protagonista de una gran parte de los estudios que forjaron, en las primeras décadas del siglo XX, los actuales modelos cosmológicos basados en un Universo en expansion que tuvo su origen en el Big Bang. La Galaxia de Andromeda (M 31) no era llamada así a finales del siglo XIX y principios del XX. En aquellos tiempos se la llamaba la Nebulosa de Andromeda porque la mayoría de los científicos estaba convencida de que era una nebulosa formada por gas y polvo perteneciente a la Vía Láctea, nuestra galaxia, que para ellos era entonces el límite del Universo, con un diámetro de unos 100.000 años luz.

Los datos, investigaciones y observaciones aportados por figuras clave de la astronomía, como Edwin Powell Hubble y Henrietta Swan Leavitt abrieron el camino al conocimiento de las verdaderas escalas cósmicas, de suerte que acabó confirmándose que M 31 es otra galaxia y no forma parte de la Vía Láctea. En 1920, M 31 fue uno de los elementos de discusión en el Gran Debate que protagonizaron Heber Curtis y Harlow Shapley. El primero sostenía que Andromeda es una galaxia externa y no forma parte de la nuestra, mientras que Shapley defendía lo contrario. El tiempo y los hallazgos posteriores de Hubble sobre la expansion del Universo dieron la razón a Curtis, y el propio Shapley acabó asumiendo la realidad y contribuyendo posteriormente al conocimiento de las galaxias como pocos astrónomos.

A la Galaxia de Andromeda se la conoce también como Messier 31 (M 31) porque tiene ese número en el catálogo de Charles Messier, un astrónomo francés que vivió en la segunda mitad del siglo XVIII y la primera mitad del XIX y que elaboró un listado de objetos difusos para evitar su confusión con los cometas.

Junto a un puñado de compañeras en el espacio, M 31 y la Vía Láctea forman parte del llamado Grupo Local, un cúmulo de galaxias, nuestra vecindad en una visión cósmica de conjunto, ya que el Universo está formado por miles de millones de cúmulos de galaxias como el nuestro, que a su vez se agrupan en supercúmulos.

Pero nos basta la propia Galaxia de Andromeda para percibir correctamente esa sensación de lejanía. A lo largo de décadas se han hecho de ella millones de fotografías, pero no en todas ellas se percibe lo mismo. En la imagen que acompaña este artículo debemos fijarnos en el objeto difuso que aparece al fondo, arriba a la derecha del núcleo (o bulbo) de M 31. Se trata de Messier 110 (M 110) una galaxia elíptica que forma un sistema físico con Andromeda y con Messier 32 (M 32), la galaxia de aspecto difuminado que se ve debajo del bulbo. Este encuadre es, en mi opinión, el correcto en la astrofotografía de la Galaxia de Andromeda, ya que la sensación real de lejanía es la adecuada gracias a la percepción visual de fondo que aporta aquí M 110. Es muy frecuente contemplar en la red excelentes fotografías de M 31 con en encuadre distinto, en el que M 110 aparece debajo en lugar de arriba a la derecha de la galaxia principal, con lo cual se percibe como un objeto más cercano y se rompe la percepción visual de lejanía de este conjunto cósmico.

Según las estimaciones actuales, M 31 está a unos 2,5 millones de años luz de la Vía Láctea. Por tanto, la imagen que vemos de ella no pertenece al presente, sino al pasado: la observamos tal como era hace 2,5 millones de años, puesto que su brillante luz ha necesitado todo ese tiempo —viajando a casi 300.000 kilómetros por segundo— para cubrir la distancia que nos separa de ella y llegar hasta aquí.

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Carmen Cortelles

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