Estrellas y Borrascas

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ASTRONOMÍA

Zarzoso: la estrella oculta de la astronomía del Renacimiento

Ecuatorio del Museo de Historia de las Ciencias de Oxford. (Foto: Museo de Oxford)

En las dos imágenes de arriba, ejemplar del libro de Zarzoso que se conserva desde 1942 en la biblioteca estadounidense de la Universidad de Harvard. (Fotos: Biblioteca Houghton-Universidad de Harvard)

Ejemplar de la edición de 1591 que se conserva en la Universidad de Sevilla.

La casa de Zarzoso en Cella (Teruel). La parte superior fue habilitada por él como observatorio. (Foto: Vicente Aupí)

La ciencia española ignora que tuvo en Teruel a uno de los grandes sabios de la astronomía europea del Renacimiento. Nacido en el pueblo de Cella, se llamaba Francisco Martínez Zarzoso y fue uno de los destacados protagonistas del despertar de las ciencias planetarias que florecieron a partir del siglo XVI, cuando concluyó el largo periodo de decadencia que arrastraba la astronomía desde la antigua Grecia, en especial durante la Edad Media. A Zarzoso, en cambio, hay que englobarlo en la élite de científicos renacentistas que contribuyeron de forma decisiva al conocimiento del Universo, en una época en la que destacan otros nombres propios que -estos sí- son conocidos mundialmente: Copérnico, Galileo, Kepler y Tycho Brahe, entre otros.

De Zarzoso desconocemos parte de su vida y obra, como la fecha de nacimiento, pero sabemos lo fundamental: fue uno de los mejores observadores del cielo de la época y sus tratados forman parte de las obras astronómicas más importantes de su tiempo, siendo una de las fuentes de conocimiento imprescindibles para astrónomos y universidades durante el Renacimiento.

La mayor contribución científica de Zarzoso fue la concepción, diseño y difusión de un instrumento astronómico llamado ecuatorio para el estudio y el cálculo de las posiciones de los planetas, la Luna y el Sol. El Museo de Historia de la Ciencia de Oxford alberga un ecuatorio fabricado según sus enseñanzas. Si hiciésemos un paralelismo entre su época y la actual, podríamos entender la magnitud de su obra y su talla científica imaginando que en el presente hubiese proyectado uno de los telescopios más avanzados y precisos de la era moderna.

La restitución histórica de Zarzoso, que sigue incompleta, comenzó en los años 80 del siglo XX y lo conseguido hasta hoy es obra, fundamentalmente, del profesor Ángel Aguirre Álvarez, quien le ha dedicado varios trabajos, entre ellos su tesis doctoral, a la que posteriormente dio forma de libro bajo el título El astrónomo cellense Francisco M. Zarzoso (1556), editado por el Instituto de Estudios Turolenses. Gracias a sus investigaciones se descubrieron las partes fundamentales del puzzle roto en el que se había convertido la figura de Zarzoso con el paso del tiempo.

Confusión histórica

Varios decenios después, el extraordinario aumento de las fuentes de información existentes gracias a la globalización nos añade algunas novedades y revelaciones importantes. La primera es que en el ámbito internacional hay muchas más menciones de las que se disponía hace sólo un par de décadas acerca del ilustre astrónomo turolense, lo que acredita que nos hallamos ante una de las grandes figuras de la historia de la astronomía renacentista. Del análisis de esas fuentes se concluye que la obra de Zarzoso fue una de las referencias de culto utilizadas por los principales astrónomos de los siglos XVI y XVII. Asimismo, y en segundo lugar, el estudio de las fuentes de información, tanto españolas como del resto del mundo, atestigua que una de las claves sobre el oscurantismo incial que ha rodeado el conocimiento de la figura de Zarzoso se debe a los errores acumulados en torno a su nombre. Çarçoso, Çarçosi, Sarzosius, Çarzosa y otros apelativos similares pueden encontrarse en multitud de fuentes documentales refiriéndose a la persona que nos ocupa, lo cual ha conducido a evidentes confusiones y ha impedido que actualmente su nombre esté inscrito en la mayoría de enciclopedias, impresas o digitales, que conciernen a las grandes figuras de la astronomía, española e internacional. En el momento de escribir estas líneas su nombre sigue sin aparecer en la mayoría de tratados y ni siquiera consta en las principales publicaciones o fuentes de consulta referentes a los astrónomos españoles más destacados de la historia. Sin embargo, su obra más importante, el extraordinario libro relativo a la construcción y uso del ecuatorio, se conserva en muchas de las bibliotecas más importantes del planeta.

Uno de los grandes tratados astronómicos del siglo XVI

Zarzoso, que además de astrónomo fue teólogo y vicario de Cella, escribió su obra en latín. El título del libro es el siguiente: Francisci Sarzosi Cellani Aragonei in aequatorem planetarum libri duo. Prior fabricam aequatoris complecticur. Posterior usum atque utilitatem, hoc est, veros motus ac passiones in zodiaci decursu contingentes aequatores ministerio investigare docet. Traducido al castellano, el título es: Estudio de un ecuatorio de los planetas en dos libros. El primero comprende la construcción de un ecuatorio. El segundo, su uso y utilidad, es decir, que enseña a hallar con ayuda del mismo los movimientos verdaderos de los planetas y lo que acontece en ellos en el curso del zodíaco. El libro cobró vida en 1526 en la imprenta de Simon de Colines, en París, la más prestigiosa de la época, especializada en tratados científicos.

Hallazgo en Harvard y otras universidades de Estados Unidos

Para la elaboración de este artículo se ha hecho una recopilación rápida pero actualizada de los ejemplares de la obra de Zarzoso, búsqueda que ha aportado algunas revelaciones muy notables. Una de ellas es que ha aparecido el libro en varias bibliotecas de Estados Unidos, entre ellas las de las universidades de Harvard y Yale, dos de las más importantes del mundo. También se ha encontrado en otras bibliotecas universitarias norteamericanas, lo cual constituye una extraordinaria novedad en lo concerniente a la difusión internacional de la obra del astrónomo cellense, ya que hasta ahora sólo se tenía constancia de que su libro estaba en bibliotecas españolas y del resto de Europa, pero no en América.

El ejemplar existente en la biblioteca de Harvard, en Cambridge (Massachusetts) fue donado en 1942 por Philip Hofer (1898-1984), fundador del departamento de Imprenta y Artes Gráficas de dicha universidad, considerado uno de los grandes coleccionistas norteamericanos de arte y libros históricos, especializado en temas españoles y de otros países europeos. De hecho, su interés por Zarzoso no fue su única relación con el legado histórico aragonés, ya que también se le considera uno de los artífices de la adquisición de parte de los grabados de Francisco de Goya de la serie Los desastres de la guerra que se conservan en el Museo de Bellas Artes de Boston.

En las principales bibliotecas históricas

Los ejemplares del libro de Zarzoso de los que se tiene constancia actualmente están en las siguientes instituciones: En España, Real Biblioteca del Palacio Real (Madrid), Biblioteca de san Lorenzo del Escorial (Madrid) y Monasterio de Yuso (San Millán de la Cogolla, La Rioja). En el resto de Europa, Universidad de Heidelberg (Alemania), Biblioteca del British Museum (Londres, Reino Unido), Biblioteca Nacional de Portugal (Lisboa), Biblioteca Universitaria de Pisa (Italia), Biblioteca Nacional Braidense (Milán, Italia), Universidad de Roma (Italia), Biblioteca Casanatense (Roma, Italia), Biblioteca Apostólica Vaticana (Ciudad del Vaticano) y Biblioteca de la Universidad Paul Valéry (Montpellier, Francia). En Estados Unidos, Universidad de Harvard (Cambridge, Massachusetts), Universidad de Yale (New Haven, Connecticut)
Universidad Brown (Providence, Rhode Island), Universidad Duke (Durham, Carolina del Norte) y Universidad de Indiana (Bloomington, Indiana). En algunos casos, como los del Escorial y el British Museum se albergan dos ejemplares. A ellos hay que sumar el facsímil existente en Cella, pueblo natal de Zarzoso.

Asimismo, además de su presencia en Estados Unidos, una de las grandes novedades que ha aportado la búsqueda es la existencia de al menos una segunda edición de este libro, posterior a la original de 1526, algo que hasta ahora no había podido confirmarse. En concreto, con el título ligeramente modificado, se han localizado varios ejemplares de una edición de 1591, impresa cuatro décadas después de la muerte de Zarzoso, ya que nuestro personaje falleció en Cella en 1556. El título de esta edición, también en latín es Nouus commentarius in aequatorem planetarum. Prior fabricam aequatoris complectitur, posterior, usum atque utilitatem, hocest, veros motus, ac passiones in zodiaci decursu contingentes, aequatoris ministerio investigare docet: ex optimis Authorum tam veterum, quam recentiorum Scriptis, deprompta Methodus. Llama la atención que esta edición, además de en España y el resto de Europa, puede estar repartida por otros lugares del mundo, ya que uno de los ejemplares, al igual que la edición de 1526, se encuentra también en la biblioteca de Harvard. Respecto a la obra de 1526, una de las diferencias que caracteriza a la de 1591 es que ya no fue impresa por la familia Colines, sino por Barthélemy Macé, apareciendo como editor Pierre Chevalier. Junto al ejemplar de Harvard, de esta edición posterior aparecen dos más: uno en la biblioteca de la Universidad de Sevilla y otro en la Biblioteca Carré d'Art de Nimes (Francia).

Zarzoso vivió en Cella de 1526 a 1556, año de su muerte. Sin embargo, los años precedentes a 1526 residió en París, en cuya universidad se formó junto a una élite de jóvenes españoles que estudió allí y posteriormente cobró fama por sus contribuciones científicas y culturales, como los también aragoneses Gaspar Lax y Pedro Ciruelo. Sus tablas astronómicas y los cálculos para su libro del ecuatorio están basados en el cielo de París, no en el de Cella, por lo que fue en su etapa universitaria cuando los elaboró en la capital francesa.

 

© Vicente Aupí. Versión íntegra del artículo resumido publicado en la revista Turolenses.

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