Estrellas y Borrascas

WEB DE VICENTE AUPÍ / OBSERVATORIO DEL POLO DEL FRÍO DE TORREMOCHA DEL JILOCA

ASTRONOMÍA

Entrevista con Joan Oró

Joan Oró junto al Nobel Severo Ochoa. (Foto: Funación Joan Oró)

Imagen microscópica del meteorito ALH84001, de origen marciano y hallado en la Antàrtida. Algunos filamentos fueron propuestos como formas de vida microbiana procedentes de Marte por algunos científicos. (Foto: NASA)

El profesor Joan Oró (1923-2004) fue uno de los grandes bioquímicos españoles del siglo XX. Nacido en Lleida, desarrolló la mayor parte de su carrera profesional en Estados Unidos, donde fue el director del Departamento de Ciencias Bioquímicaas de la Universidad de Houston y participó en algunos de los grandes programas espaciales de la NASA, como el proyecto Apolo y la misión Viking, cuyos dos vehículos fueron los primeros en posarse sobre la superficie de Marte. En dichos programas tuvo un papel clave en el análisis de rocas lunares y de sustancias y compuestos de la superficie marciana. Logró sintetizar artificialmente la adenina, una de las bases fundamentales de los acídos nucleicos. Junto al británico Fred Hoyle fue uno de los primeros científicos que apoyó la panspermia, la teoría de que la materia orgánica precursora de la vida en la Tierra pudo llegar en el pasado a bordo de los cometas que han entrado en colisión con nuestro planeta. La entrevista fue realizada en Valencia en octubre de 1998, con motivo del homenaje que se le rindió por su 75 cumpleaños.

—¿Estamos solos en el universo?
—Posiblemente no. Frank Drake calculó que había 100.000 civilizaciones avanzadas en la Vía Láctea, pero un cálculo que tenga en cuenta la dificultad de que se reproduzcan los mismos procesos hasta llegar al hombre sugiere que el número debe ser menor, del orden de unas 100 civilizaciones con capacidad y deseo de comunicarse con otras civilizaciones por medio de la radioastronomía. Sin embargo, tanto da que estemos acompañados o no. Es casi imposible que lo sepamos, porque en una hipotética comunicación con una civilización que se hallase a 50.000 años luz la respuesta tardaría 100.000 años en llegarnos. Quizá, no obstante, podamos recibir alguna señal de alguien que nos la envió hace 50.000 años.
—¿Qué misterios sobre el origen de la vida se desvelarán en el siglo XXI?
—Con esta pregunta se puede llenar un libro, pero debemos obtener nuevas respuestas a cuestiones como el origen del universo, la vida extraterrestre y la naturaleza del hombre. Creo que con las exploraciones del telescopio espacial Hubble y con los nuevos planteamientos teóricos quizá podamos tener en el siglo XXI resultados que completen lo que los físicos teóricos ya han predicho. Es decir, ¿empezó el universo hace 15.000 millones de años? El Hubble ha visto imágenes que llegan casi a los 14.000 millones de años, por lo que estamos viendo lo que ya no existe, puesto que se ha transformado. Es cuestión de observación, por una parte, y de física teórica, por otra, para conseguir una formulación del estado inflacionario y de expansión del universo que sea más satisfactoria que la que tenemos en la actualidad. Respecto a la posibilidad de vida extraterrestre, recientemente se ha logrado confirmar la existencia de unos veinte planetas fuera del Sistema Solar, pero eso no nos permite estar en condiciones de poder ver si alguno de ellos es semejante a la Tierra. Y sobre el hombre,como dijo Santiago Ramón y Cajal, lo que debemos hacer es estudiar el cerebro, porque mientras siga siendo un misterio, el universo continuará siéndolo.
—Su teoría acerca de la formación de vida en la Tierra merced al choque con cometas es fascinante. ¿Sigue convencido de ello?
—No es que yo esté convencido; es que cada vez hay más evidencias. Por ejemplo, hace 15 años el físico Cameron formuló una teoría que propuso que el sistema Tierra-Luna tuvo su origen en el choque de un cuerpo celeste del tamaño de Marte con la propia Tierra,, fundiéndose el material y saliendo parte al exterior, agrupándose en órbita para formar la Luna. El hierro pasó a formar parte de la Tierra, lo que permitió formar el campo magnético que nos protege contra las radiaciones solares fuertes. Pues bien, cuando se produjo esta catástrofe no había nada de materia volátil en la Tierra, ni siquiera agua, y yo le pregunté a Cameron que de dónde viene el agua. Él respondió que de los cometas. Y el doctor Armand Delsemme, que hoy día es el especialista número uno en cometas, también respalda esta teoría. Ambos estan de acuerdo y hay otros diez equipos científicos que han confirmado las predicciones que yo hice en 1961. Hace escasamente cuatro años se produjo la colisión del cometa Shoemaker-Levy contra Júpiter, y se comprobó que había agua y cianuro de hidrógeno.
—Desde hace varios meses algunos ensayos científicos sobre el famoso meteorito de Marte han cuestionado las supuestas certezas acerca de la existencia de vida en el planeta rojo. ¿Qué opina de ello?
—Precisamente acabo de hacer las últimas correcciones de un artículo para la revista Bioastronomy News, en el que llego a la conclusión de que es muy probable que sea contaminación. Los aminoácidos que se encontraron allí parece ser que son terrestres, y yo he pedido que se examine si el meteorito está contaminado o no. Se han examinado otros meteoritos de la Antártida y han encontrado, efectivamente, que algunos están contaminados. Lo último que queda por analizar son unos misteriosos filamentos, pero en otros meteoritos encontrados en la Antártida se han hallado filamentos que son, en realidad, hongos. En resumen, puede ser que algún material, como los hidrocarburos aromáticos, fuese de Marte, pero eso no está relacionado con la vida.

El océano de la luna Europa

—¿Le sorprendieron las imágenes de la nave Galileo que mostraban hielos flotantes en Europa, una de las lunas de Júpiter?
—No me sorprendieron en absoluto. En 1992 hicimos el primer trabajo sobre esto, con el título "Europa: posibilidades de la existencia de un océano e implicaciones exobiológicas". Está publicado en el libro 512 de la NASA, titulado "La exobiología en la exploración del Sistema Solar". Eso no significa que yo esté seguro de que haya vida, pero es posible que haya materia orgánica y que en el fondo del océano, que puede tener entre 50 y 100 kilómetros de profundidad, tiene que haber fuentes termales que producen energía.
—Titán, el mayor satélite de Saturno, ha sido otra de las esperanzas en la búsqueda de vida. ¿Cree que la misión Cassini aportará grandes sorpresas?
—No creo que se encuentre vida; la temperatura es demasiado baja. Aunque es posible que dentro de miles de millones de años, cuando el Sol se convierta en una gigante roja, pueda llegar suficiente calor a Titán.
—La ciencia española presume de haber progresado espectacularmente en estas dos últimas
décadas. ¿Cómo lo ve un científico español que ha investigado fuera de su país?

—En ciertos laboratorios la investigación está a la altura de otros de diferentes partes del mundo,pero creo que es importante advertir que no hay mentalidad en los estamentos políticos para darse cuenta de la gran importancia que tiene la investigación científica en general, y la tecnológica en particular. Permite la innovación, y ésta permite el progreso de un país. En lugar de dedicar a la investigación el 0,9% del producto interior bruto (PIB), deberíamos dedicar al menos el 2,5%.

La vida y las estrellas

—¿Por qué decantó su actividad como bioquímico hada esa visión universal de la investigación?
—Esto tiene que ver con mi infancia. Me estaba preparando para el bachillerato cuando hojeé varios libros, entre ellos uno de Flammarion sobre la pluralidad de los mundos. Lo que me enseñaban en el colegio no respondía a mis inquietudes, y a partir de aquí, de acuerdo con los argumentos de Darwin, me planteé que si los seres complejos vienen de los más sencillos, las moléculas complejas también vienen de las más sencillas. Así formé mi propia teoría.
—De la doble hélice del ácido desoxirribonucleico se ha hecho el símbolo de nuestra esencia. ¿Cuál es la esencia cuando miramos las estrellas?
—La doble hélice es un código genético de los seres vivos. Si yo intento visualizar algo semejante en el universo a gran escala, yo diría que es el código termonuclear de la vida de las estrellas. Le daré dos ejemplos: nuestro sol es fuente de energía, que obtiene de un proceso que se llama la cadena de protones. Cuatro protones se juntan para formar un núcleo de helio, y éste pesa un poco menos que los cuatro protones juntos. La diferencia de masa se transforma en energía por medio de la ecuación de Einstein, y ésta es la gran cantidad de energía que nos llega del Sol, en forma de calor y de radiaciones. Esto ha permitido que apareciera la vida. El helio se forma en las estrellas igual que en el Sol, a partir del hidrógeno. Segundo ejemplo: ¿qué hacemos con los núcleos de helio? Pues bien, en las estrellas llamadas de carbono, tres núcleos de helio se condensan dando lugar a un núcleo de carbono 12. Es un proceso improbable que tiene lugar a la temperatura de 100 millones de grados, mientras que en el Sol sólo ocurre a 15 millones de grados. Sin este proceso, que se denomina triple alfa, no existiría el carbono y no existiría la vida en el universo.

Vicente Aupí

(Entrevista publicada en el diario Levante-EMV el 12 de octubre de 1998)

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