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ASTRONOMÍA

Perseidas: el rastro del cometa Swift-Tuttle

Recreación de la lluvia de las Leónidas del año 1833, de extraordinaria intensidad. (Ilustración: Observatorio Astronómico de la Universidad de Valencia)

El cometa Swift-Tuttle, progenitor de la lluvia de las Perseidas, fotografiado en 1992. (Foto: Gerald Rhemann)

El cielo se rompe en agosto. Entramos en noches de lágrimas celestiales, las Lágrimas de san Lorenzo, tal como la tradición ha bautizado a la lluvia de meteoros —o estrellas fugaces— de las Perseidas, que se producen todos los años en la primera quincena de agosto y alcanzan su máximo de actividad entre los días 10 y 13. Esa coincidencia fue la que hace ya siglos acabó otorgándole a esta lluvia cósmica el apodo de las Lágrimas de san Lorenzo, cuya festividad se celebra el 10 de agosto.

El responsable de este acontecimiento es el cometa Swift-Tuttle. La Tierra cruza su órbita todos los años por estas fechas, y al llegar a dicha intersección los restos cometarios penetran en la atmósfera y producen hermosas estelas por la fricción con la atmósfera. Aunque la literatura astronómica hable de ellas como estrellas fugaces, no son estrellas. Se trata, simplemente, de pequeñas partículas, la mayoría de apenas varios milímetros de espesor, que al introducirse en la atmósfera acaban desintegrándose por incandescencia a causa del rozamiento con el aire. Sólo los meteoros más grandes logran sobrevivir al tránsito por la atmósfera y acaban cayendo al suelo, dando lugar a un meteorito.

Radiante en Perseus

La fama de las Perseidas se debe, sobre todo, a la época del año en que se producen. A primeros de agosto, en España y los demás países del hemisferio norte la mayoría de la gente toma sus vacaciones en los días del año con mejor tiempo, lo que se traduce en que haya muchas más personas disfrutando al aire libre por las noches. Por ello, las Perseidas son las lluvias meteóricas más observadas, a pesar de que en otras semanas del año se producen lluvias más intensas, como las Cuadrántidas (a primeros de enero) y las Gemínidas (a mediados de diciembre). Sin embargo, aunque la tasa de meteoros de estas dos últimas lluvias es algo mayor que la de las Perseidas —unos 120 meteoros por hora en lugar de los 100 de las Lágrimas de san Lorenzo—, la gente apenas las conoce porque se producen en pleno invierno. La denominación Perseidas no es casual. Se debe a que el punto del cielo del cual parece surgir la mayoría de los meteoros —por un efecto de perspectiva— es la constelación de Perseus. A dicho punto de aparente procedencia se le denomina radiante.

Los ojos como instrumento astronómico

Tanto para las Perseidas como para cualquier lluvia de meteoros nuestros propios ojos son el mejor instrumento óptico. Con ellos podemos abarcar la mayor parte de la bóveda celeste, mientras que si intentamos observarlas con prismáticos el campo de visión es mucho más restringido y, por tanto, perderemos muchos de los meteoros, ya que quedarán fuera de nuestro alcance. Los telescopios son instrumentos inútiles para observar lluvias de meteoros. Lo más recomendable ahora que estamos en pleno verano es utilizar tumbonas o tenderse en el suelo en zonas alejadas de luces parásitas, ya sea en el campo, la montaña o la playa. De esta forma podremos apreciar cualquier meteoro que surja de horizonte a horizonte. Eso sí, nuestro punto de referencia debe ser la constelación de Perseus, hacia la que dirigiremos preferentemente nuestra mirada. Para localizarla es aconsejable usar algún planisferio o mapa estelar, aunque para quienes no dispongan de ellos basta con recordar que se encuentra por encima del horizonte noreste después de la medianoche.

Máximo previsto para el 12 de agosto

Para este año 2016 las previsiones internacionales marcan el máximo de la lluvia meteórica el día 12 de agosto. En el caso de España y el resto de Europa el máximo teórico coincide con las horas de luz, aunque sí que será visible en América. Por tanto, desde España y otros países europeos lo más aconsejable es observar la noche anterior y la siguiente al máximo previsto, es decir, durante las madrugadas del 11 al 12 y del 12 al 13 de agosto. En ambas noches, la Luna estará presente durante las primeras horas, aunque se ocultará por el oeste en la segunda parte de la madrugada. En cualquier caso, dado que el radiante (la constelación de Perseus) estará durante la primera mitad de la noche el el horizonte noreste, el opuesto a la posición de la Luna, la luz lunar de fondo no molestará en exceso.

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